miércoles, 24 de febrero de 2010

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.


Instrucciones para dar cuerda al reloj

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

J. Cortázar

martes, 23 de febrero de 2010

Yo educo, tú educas, él ¿educa?

(Señor Corales: - Ahí estaba el show de los monos amaestrados, un fuerte aplauso para ellos y sus respectivos maestros que hicieron gozar a todos nuestros niños con sus traviesos saltos y piruetas.

(Público ovaciona)

Señor Corales: -Y ahora, respetable público, les pido a todos que se apronten para disfrutar del mejor show que hayan visto en sus vidas. Prepárense damas y caballeros, niñas y niños, porque ya viene lo que estaban esperando. Enciendan sus botones de pánico y corran a buscar sus trajes de baño porque –(ta ta ta taaaaaan)- directamente desde la Universidad de Chicago, Estados Unidos, traigo hasta ustedes al payaso de los payasos, la risa personificada, nuestro querido Ex Alcalde de Santiago, el Eterno candidato, futuro Ministro de Educación, redoble de tambores por favor maestro para el señor… ¡Joaquín Lavín!)


-No wn cacha que esto no funciona, puta…¿Y qué hacemos? No sé loco, inventa tú algo…osea, Zilic, la Mónica Jiménez, el pelao del Bitar, toy chato, ya me cansé de escribir mil veces la misma historia. Pero, oye, ¿Y qué hago entonces? No te vayay po!


(Plop!)

viernes, 19 de febrero de 2010

Roja Rosa

Yo tengo una rosa roja
Mío es cada pétalo y cada hoja
Y todo el terciopelo.

Yo tengo una rosa
Es alta y delgada
Colorina
Compañera
Con espinas
Verdaderas.

Tiene un amor dibujado
En las entrañas de su raíz
Y una fecha “convencional”
Como razón de existir.
Falso.
No tiene ninguna razón
Las razones las tengo yo.
Guardadas. Sí. Junto al rocío
Que la hizo surgir y que luego
La llevó hacia mí.

Yo tengo una
Y no quiero más
Porque ninguna alcanzaría
A vivir lo que ella en las altas cumbres,
Y entre esa masa de gente apurada
Ninguna como ella crecerá jamás.

Yo tengo
El rojo que amo
El beso de su pétalo
La sangre de su espina
La certeza de su raíz.
Sólo para mí.

Yo
Soy la que baña cada día
La que nutre
La que no olvida
A esa roja rosa
Que en mi alma encalló
Desde otra rosa roja
Que la vida me dio.