domingo 4 de marzo de 2012

"V.I.P."

Hablando desde el más profundo y racional resentimiento, me encargaré mediante estas líneas -que pretenden idealmente no extenderse mas allá de los límites de una argumentación precisa y concisa- de manifestar mi majestuosa desavenencia con el término "V.I.P." (Very Important Person) y todo aquello que de éste se desprenda o asocie.
Luego de una extensa y ardua investigación bibliográfica en Wikipedia, pude adquirir conocimiento respecto del origen del término: señala la categoría utilizada por antiguos nobles rusos, quienes con títulos obsoletos exigían en Francia y Gran Bretaña un trato privilegiado, entre los años 1934 y 1939. De esta manera, podemos darnos cuenta que "V.I.P." no es una terminología que nace en la actualidad para designar a una cuica pelolais o a un flaite hijo de narco que pagan por un sector al interior de una disco lo suficientemente alejado de la chusma, sino que surge hace décadas atrás como una forma de dar continuidad al trato que tuvieron los nobles (rusos en este caso) cuyo título ya no poseía significación alguna ni política, ni social -puesto que la sociedad ya no está estratificada en nobles ni artesanos-, pero sí económica -puesto que es la única forma que el capitalismo tiene para reconocer a alguien-, por lo cual se mantiene en el tiempo como una marca de categoría económica que posibilita el acceso a privilegios y de ahí se extrae el hecho que hoy quien tiene dinero tiene el derecho subjetivo a ser V.I.P. Ahora bien, ¿Será sensato asimilar semánticamente el estatus económico con el grado de importancia que tiene una persona? ¿En qué radica que sea el dinero el elemento que valida la importancia de una persona? Tal como lo mencioné, el capitalismo se apoderó del planeta logrando llevar a todos sus lugares sus principios y paradigmas. Uno de ellos, es el que llamo la "divinización" del dinero, a partir de la cual éste se transforma en la mejor salida a los problemas y, más aun, en la única opción segura de ser feliz. De esta manera, siendo el dinero garante de felicidad, pasa a ser también el arma de poder más grande, ya que otorga lo que todos quieren tener, y por lo mismo, quien lo tiene es poderoso y feliz. Queda entonces que la experiencia de vivir en una sociedad capitalista traduce la materialidad, la propiedad privada, en una suerte de pase a la felicidad y en una instancia de poder que otorga un grado de importancia superlativa a su dueño. El poderoso es importante ya que mueve influencias, genera cambios a su favor, manipula y modifica, y con esto, prepara el escenario de privilegios a los que desea acceder y lo deja listo para ser disfrutado y habitado de la manera en que él lo decida.
Dadas así las realidades, "V.I.P." es quien posee el poder suficiente para ser reconocido como importante y así, disfrutar de los privilegios que de su categoría se desprenden.
No obstante lo anterior, hay otro punto observable en todo esto, el cual habla sobre el gusto que genera el SER "V.I.P." en la gente y, con esto, la cantidad de cosas "V.I.P." que proliferan con cada vez mayor rapidez y extensión en nuestra sociedad: cine, teatro, eventos, restaurantes, parques de diversiones, conciertos y un montón de otras cosas que toman la categoría "V.I.P." para otorgar a sus clientes el privilegio y la diferenciación. ¿Pero acaso no se dan cuenta los adictos al "V.I.P." que el capitalista no ve clase ni dignidad sino sólo la posibilidad de cobrar más? Lo más increíble de todo, es que en la realización de eventos, el "V.I.P." es siempre la entrada que primero se acaba, el puesto que primero se vende. ¿Será entonces que de tanto querer ser "V.I.P." ahora sólo lo es quien tiene mayor rapidez en comprar la posibilidad de serlo? En virtud de los hechos, me inclino a pensar que existe actualmente una masificación del "V.I.P." que lo tiene en franca decadencia dada la paradoja que representa el hecho que una exclusividad deje de serlo. Ejemplo de esto, puede ser la creación de nuevas categorías "V.I.P." y que, por más absurdas que suenen, son reales: hablo del "V.V.I.P." (Very Very Important Person) o sea se trata de una persona muy pero muy importante. ¿Qué sigue a esto? ¿Será acaso la creación del "V.V.V.V.V.V.V.V.V.V.V.V.V.I.P."? Porque personas van a seguir naciendo y la población no dejará de aumentar porque ya no queden espacios "V.I.P."...
Siento que en una sociedad masiva es cada vez más necesario mostrarse ante los demás con cada una de las distintas capacidades que se tengan, por todo un aparataje de motivos prácticos y de otras distintas órdenes, ya que en la misma sociedad masiva son necesarios, pero siento que no existe de modo alguno la necesidad real de sentirse más importante que el otro. El "V.I.P." es un reflejo de cuánto nos ha dañado la mente el sistema económico y de cuan convencidos nos tiene de que aquello que se compra es mejor que aquello que no, y que dentro de las cosas que se compran son mejor las cosas que se compran con más dinero que aquellas que se compran con menos dinero. Creo que es también reflejo de una necesidad subjetiva de brillar a través del dinero en lugar de hacerlo por la virtud, lo cual además de ser absurdo, es también bastante triste.
No creo en un "V.I.P." ni reconozco como más importante a quien puede pagar más. Creo que el mérito, la capacidad y la virtud hacen a una persona un ser importante, no su dinero, ya que del dinero lo bueno es que se gana con trabajo. Vuelvo a criticar al capitalismo, porque no paga en dinero el valor del trabajo. Vuelvo a criticar al capitalismo, porque nos hace pasar por verdad cosas que son mentira. Vuelvo a criticar al capitalismo, porque contamina a nuestra gente de enfermedades nerviosas, psicológicas y sociales, y porque finalmente, nos lleva a crear instituciones tan estúpidas como mi gran y eterno enemigo el "V.I.P".

martes 17 de enero de 2012

"Carpe Diem"




Aprovecha el día, o ERAS :/

miércoles 7 de diciembre de 2011

Terror en miniatura

El mundo guarda siempre un traslúcido aspecto de lugar hóspito, hasta que llegan ellas.
Son unas criaturas tan pero tan chicas, que da a la impresión la libertad de aventurarse con sus dimensiones: no se sabe si alcanzan a tiener células o si acaso caben en ellas los ribosomas, las vacuolas, las mitocondrias o incluso, las hebras de adenina. Es que insisto, poseen un espacio tan mínimo, que el tiempo casi cree que no existen. Es más, yo misma siento que me la "juego" cada vez que afirmo con mi palabra el peso de su onto.
Es que son muy chicas wn.
Son tan pero tan pequeñas, -¡qué "pequeñas"! son ÍNFIMAS, MINÚSCULAS, DIMINUTAS, EXIGUAS-, que no se escuchan cuando están presentes y tampoco se huelen, porque la distancia entre nuestros sentidos y su ser, no lo permite.
Sin embargo, hay una forma de sentirlas y es, de hecho, infalible. Aun cuando son tan insignifantes en tamaño, estas criaturas son capaces de dejar marcas imborrables en los cuerpos de todo aquel desgraciado ser humano que concurra perentoriamente a la desdicha de topárselas, (sí, porque además de chicas, son una calamidad viviente). Esas marcas, según me han contado, poseen el color brillante y los tintes de la mismísima sangre, y quedan a la vista tal como la letra escarlata quedaba a la vista del vulgo en esas pobres mujeres. Dejan además en la piel, una hinchazón desoladora: ¡desfigúranse las partes del cuerpo humano! las manos, los pies, el cuello, el abdomen, la espalda, las piernas, los hombros, el rostro, todo, todo es objeto de esta escalofriante hinchazón. Y no hay salida.
Finalmente, la última señal que dejan en los cuerpos estas nefastas criaturas, es... la picazón. Pero no es cualquier picazón, ¡no, no, no! es una picazón terrible, espantosa, intolerable, ¡picante! que recorre todo el cuerpo y ataca simultáneamente las distintas zonas por las que estas caraduras se han paseado cual Pedro por su hogar en momentos que pasan completa y absolutamente desapercibidas ante nuestros ojos.
Ahora bien, habiendo dejado ya aqui un registro y, constituyendo también un aviso sobre lo que estas criaturas pequeñas pero potentes son capaces de hacer, es que escribiré para ustedes la fórmula que permitirá alejarlas para siempre. Es una fórmula compleja, secreto milenario, y debe decirse con la convicción de que no retornarán jamás nunca a hacer de las suyas sobre la piel nuestra. De esta forma, dejo la fórmula, el conjuro ante ustedes, para que nunca más sufran los embates de esta ferocidad:

¡¡¡Malditas pulgas si me pican denuevo me acrimino y mando a fumigaaaaaaar!!!

jueves 1 de diciembre de 2011

Olor a incienso

Prende el fuego
todo en silencio
el humo entra por la boca
y llena el cuerpo.

Fluye, fluye, fluye

Todas las escencias confluyen con la sangre
y el cerebro
tiene la señal
de lavanda, de rosa, de chocolate, de frambuesas.

Siente el correr de las cenizas
observa la muerte del sólido
acaricia el olfato la gaseosa bruma
siente la piel una fragancia.

Son alas blancas que envuelven
Son cantos de pájaro en pentagrama volátil
Son la sombra blanca a contraluz
Son las visiones de un dibujo de cascada

Como bomba
Como mares
Como nubes
Como altares

Volaré esta noche entre los mares de fragancias...
Y no podrá el aire olvidar mi paso.

domingo 6 de noviembre de 2011

34


En setiembre del 80, pocos meses después del
Y las cosas que lee, una novela, mal escrita,
fallecimiento de mi padre, resolví apartarme de los
para colmo una edición infecta, uno se pregunta
negocios, cediéndolos a otra casa extractora de Jerez
cómo puede interesarle algo así. Pensar que se ha
tan acreditada como la mía; realicé los créditos que
pasado horas enteras devorando esta sopa fría y de-
pude, arrendé los predios, traspasé las bodegas y sus
sabrida, tantas otras lecturas increíbles, Elle y Fran-
existencias, y me fui a vivir a Madrid. Mi tío (primo
ce Soir, los tristes magazines que le prestaba Babs.
carnal de mi padre), don Rafael Bueno de Guzmán
Y me fui a vivir a Madrid, me imagino que después
y Ataide, quiso albergarme en su casa; mas yo me
de tragarse cinco o seis páginas uno acaba por en-
resistí a ello por no perder mi independencia. Por
granar y ya no puede dejar de leer, un poco como
fin supe hallar un término de conciliación, combi-
no se puede dejar de dormir o de mear, servidum-
nando mi cómoda libertad con el hospitalario deseo
bres o látigos o babas. Por fin supe hallar un tér-
de mi pariente; y alquilando un cuarto próximo a
mino de conciliación, una lengua hecha de frases
su vivienda, me puse en la situación más propia para
preacuñadas para transmitir ideas archipodridas, las
estar solo cuando quisiese o gozar del calor de
monedas de mano en mano, de generación degenera-
familia cuando lo hubiese menester. Vivía el buen la
ción, te voilà en pleine écholalie. Gozar del calor de
señor, quiero decir, vivíamos en el barrio que se ha
la familia, ésa es buena, joder si es buena. Ah Ma-
construido donde antes estuvo el Pósito. El cuarto
ga, cómo podías tragar esta sopa fría, y qué diablos
de mi tío era un principal de dieciocho mil reales,
es el Pósito, che. Cuántas horas leyendo estas cosas,
hermoso y alegre, si bien no muy holgado para tan-
probablemente convencida de que eran la vida, y te-
ta familia. Yo tomé el bajo, poco menos grande que
nías razón, son la vida, por eso habría que acabar
el principal, pero sobradamente espacioso para mí
con ellas. (El principal, qué es eso.) Y algunas tardes
solo, y lo decoré con lujo y puse en él todas las
cuando me había dado por recorrer vitrina por vitri-
comodidades a que estaba acostumbrado. Mi fortu-
na toda la sección egipcia del Louvre, y volvía deseo-
na, gracias a Dios, me lo permitía con exceso.

so de mate y de pan con dulce, te encontraba pega-
Mis primeras impresiones fueron de grata sor-
da a la ventana, con un novelón espantoso en la
presa en lo referente al aspecto de Madrid, donde
mano y a veces hasta llorando, sí, no lo niegues, llo-
yo no había estado desde los tiempos de González
rabas porque acababan de cortarle la cabeza a al-
Brabo. Causábanme asombro la hermosura y ampli-
guien, y me abrazabas con toda tu fuerza y querías
tud de las nuevas barriadas, los expeditivos medios
saber adónde había estado, pero yo no te lo decía
de comunicación, la evidente mejora en el cariz de
porque eras una carga en el Louvre, no se podía an-
los edificios, de las calles y aun de las personas; los
dar con vos al lado, tu ignorancia era de las que
bonitísimos jardines, plantados en las antes polvoro-
estropeaban todo goce, pobrecita, y en realidad la
sas plazuelas, las gallardas construcciones de los ri-
culpa de que leyeras novelones la tenía yo por egoís-
cos, las variadas y aparatosas tiendas, no inferiores
ta (polvorosas plazuelas, está bien, pienso en las pla-
por lo que desde la calle se ve, a las de París o Lon-
zas de los pueblos de la provincia, o las calles de
dres y, por fin, los muchos y elegantes teatros para
La Rioja, en el cuarenta y dos, las montañas violetas
todas las clases, gustos y fortunas. Esto y otras co-
al oscurecer, esa felicidad de estar solo en una pun-
sas que observé después en sociedad, hiciéronme
ta del mundo, y elegantes teatros. ¿De qué está ha-
comprender los bruscos adelantos que nuestra capi-
blando el tipo? Por ahí acaba de mencionar a París
tal había realizado desde el 68, adelantos más pare-
y a Londres, habla de gustos y de fortunas, ya ves,
cidos a saltos caprichosos que al andar progresivo
Maga, ya ves, ahora estos ojos se arrastran irónicos
y firme de los que saben adónde van; mas no eran
por donde vos andabas emocionada, convencida de
por eso menos reales. En una palabra, me daba en
que te estabas cultivando una barbaridad porque
la nariz cierto tufillo de cultura europea, de bienes-
leías a un novelista español con foto en la contra-
tar y aun de riqueza y trabajo.

tapa, pero justamente el tipo habla de tufillo de
Mi tío es un agente de negocios muy conocido en
cultura europea, vos estabas convencida de que esas
Madrid. En otros tiempos desempeñó cargos de im-
lecturas te permitirían comprender el micro y el
portancia en la Administración: fue primero cónsul;
macrocosmo, casi siempre bastaba que yo llegara
después agregado de embajada; más tarde el matri-
para que sacases del cajón de tu mesa —porque te-
monio le obligó a fijarse en la corte; sirvió algún
nías una mesa de trabajo, eso no podía faltar nunca
tiempo en Hacienda, protegido y alentado por Bra-
aunque jamás me enteré de qué clase de trabajos
vo Murillo, y al fin las necesidades de su familia lo
podías hacer en esa mesa—, sí, del cajón sacabas la
estimularon a trocar la mezquina seguridad de un
plaqueta con poemas de Tristan L’Hermite, por ejem-
sueldo por las aventuras y esperanzas del trabajo
plo, o una disertación de Boris Schloezer, y me
libre. Tenía moderada ambición, rectitud, actividad
las mostrabas con el aire indeciso y a la, vez ufano
inteligencia, muchas relaciones; dedicóse a agenciar
de quien ha comprado grandes cosas y se va a po-
asuntos diversos, y al poco tiempo de andar en es-
ner a leerlas en seguida. No había manera de hacer-
tos trotes se felicitaba de ello y de haber dado car-
te comprender que así no llegarías nunca a nada,
petazo a los expedientes. De ellos vivía, no obstante,
que había cosas que eran demasiado tarde y otras
que eran demasiado pronto, y estabas siempre tan
despertando los que dormían en los archivos, im-
al borde de la desesperación en el centro mismo de
pulsando a los que se estacionaban en las mesas,
la alegría y del desenfado, había tanta niebla en tu
enderezando como podía el camino de algunos que
corazón desconcertado. Impulsando a los que se esta-
iban algo descarriados. Favorecíanle sus amistades
cionaban en las mesas, no, conmigo no podías con-
con gente de este y el otro partido, y la vara alta
tar para eso, tu mesa era tu mesa y yo no te ponía
que tenía en todas las dependencias del Estado. No
ni te quitaba de ahí, te miraba simplemente leer tus
había puerta cerrada para él. Podría creerse que los
novelas y examinar las tapas y las ilustraciones de
porteros de los ministerios le debían el destino, pues
tus plaquetas, y vos esperabas que yo me sentara a
le saludaban con cierto afecto filial y le franquea-
tu lado y te explicara, te alentara, hiciera lo que
ban las entra das considerándole como de casa. Oí
toda mujer espera que un hombre haga con ella, le
contar que en ciertas épocas había ganado mucho
arrolle despacito un piolín en la cintura y zás la
dinero poniendo su mano activa en afamados expe-
mande zumbando y dando vueltas, le dé el impulso
dientes de minas y ferrocarriles; pero que en otras
que la arranque a su tendencia a tejer pulóvers o a
su tímida honradez, le había sido desfavorable. Cuan-
hablar, hablar, interminablemente hablar de las mu-
do me establecí en Madrid, su posición debía de ser,
chas materias de la nada. Mirá si soy monstruoso,
por las apariencias, holgada sin sobrantes. No care-
qué tengo yo para jactarme, ni a vos te tengo ya
cía de nada, pero no tenía ahorros, lo que en verdad
porque estaba bien decidido que tenía que perderte
era poco lisonjero para un hombre que, después de
(ni siquiera perderte, antes hubiera tenido que ga-
trabajar tanto, se acercaba al término de la vida y
narte), lo que en verdad era poco lisonjero para un
y apenas tenía tiempo ya de ganar el terreno perdido.

hombre que... Lisonjero, desde quién sabe cuándo
Era entonces un señor menos viejo de lo que
no oía esa palabra, cómo se nos empobrece el len-
parecía, vestido siempre como los jóvenes elegantes,
guaje a los criollos, de chico yo tenía presentes mu-
pulcro y distinguidísimo. Se afeitaba toda la cara,
chas más palabras que ahora, leía esas mismas no-
siendo esto como un alarde de fidelidad a la genera-
velas, me adueñaba de un inmenso vocabulario per-
ción anterior, de la que procedía. Su finura y jovia-
fectamente inútil por lo demás, pulcro y distinguidí-
lidad, sostenidas en el fiel de la balanza, jamás caían
simo, eso sí. Me pregunto si verdaderamente te me-
del lado de la familiaridad impertinente ni del de la
tías en la trama de esta novela, o si te servía de
petulancia. En la conversación estaba su principal
trampolín para irte por ahí, a tus países misterio-
mérito y también su defecto, pues sabiendo lo que
sos que yo te envidiaba vanamente mientras vos me
valía hablando, dejábase vencer del prurito de dar
envidiabas mis visitas al Louvre, que debías sospe-
por menores y de diluir fatigosamente sus relatos.
char aunque no dijeras nada. Y así nos íbamos acer-
Alguna vez los tomaba desde el principio y adorná-
cando a esto que tenía que ocurrirnos un día cuan-
balos con tan pueriles minuciosidades, que era preci-
do vos comprendieras plenamente que yo no te iba
so suplicarle por Dios que fuera breve. Cuando re-
a dar más que una parte de mi tiempo y de mi vida,
fería un incidente de caza (ejercicio por el cual te-
y de diluir fatigosamente sus relatos, exactamente
nía gran pasión), pasaba tanto tiempo desde el exor-
esto, me pongo pesado hasta cuando hago memoria.
dio hasta el momento de salir el tiro, que al oyente
Pero qué hermosa estabas en la ventana, con el gris
se le iba el santo al cielo distrayéndose del asunto,
del cielo posado en una mejilla, las manos teniendo
y en sonando el pum, llevábase un mediano susto. No
el libro, la boca siempre un poco ávida, los ojos du-
sé si apuntar como defecto físico su irritación cró-
dosos. Había tanto tiempo perdido en vos, eras de
nica del aparato lacrimal, que a veces, principalmente
tal manera el molde de lo que hubieras podido ser
en invierno, le ponía los ojos tan húmedos y encen-
bajo otras estrellas, que tomarte en los brazos y
didos como si estuviera llorando a moco y baba. No
hacerte el amor se volvían una tarea demasiado tier-
he conocido hombre que tuviera mayor ni más rico
na, de masiado lindante con la obra pía, y ahí me
surtido de pañuelos de hilo. Por esto y su costum-
engañaba yo, me dejaba caer en el imbécil orgullo
bre de ostentar a cada instante el blanco lienzo en
del intelectual que se cree equipado para entender
la mano derecha o en ambas manos, un amigo mío,
(¿llorando a moco y baba?, pero es sencillamente
andaluz, zumbón y buena persona, de quien hablaré asqueroso como expresión). Equipado para entender, después, llamaba esto sólo a mi tío la Verónica.

si dan ganas de reírse, Maga. Oí, esto sólo para vos,
Mostrábame afecto sincero, y en los primeros días
para que no se lo cuentes a nadie. Maga, el molde
de mi residencia en Madrid no se apartaba de mí
hueco era yo, vos temblabas, pura y libre como una
para asesorarme en todo lo relativo a mi instalación
llama, como un río de mercurio, como el primer can-
y ayudarme en mil cosas. Cuando hablábamos de la
to de un pájaro cuando rompe el alba, y es dulce
familia y sacaba yo a relucir re cuerdos de mi infan-
decírtelo con las palabras que te fascinaban porque
cia o anécdotas de mi padre, entrábale al buen tío
no creías que existieran fuera de los poemas, y que
como una desazón nerviosa, un entusiasmo febril por
tuviéramos derecho a emplearlas. Dónde estarás,
las grandes personalidades que ilustraron el apellido
dónde estaremos desde hoy, dos puntos en un uni-
de Bueno de Guzmán y sacando el pañuelo me re-
verso inexplicable, cerca o lejos, dos puntos que
fería historias que no tenían término. Conceptuá-
crean una línea, dos puntos que se alejan y se acer-
bame como el último re presentante masculino de una
can arbitrariamente (personalidades que ilustraron
raza fecunda en caracteres, y me acariciaba y mi-
el apellido de Bueno de Guzmán, pero mirá las cur-
maba como a un chiquillo, a pesar de mis treinta y
silerías de este tipo, Maga, de cómo podías pasar de la
seis años. ¡Pobre tío! En esas demostraciones afec-
página cinco...), pero no te explicaré eso que llaman
tuosas que aumentaban considerablemente el manan-
movimientos brownoideos, por supuesto no te los
tial de sus ojos, descubría yo una pena secreta y agu-
explicaré y sin embargo los dos, Maga, estamos com-
dísima, espina clavada en el corazón de aquel exce-
poniendo una figura, vos un punto en alguna parte,
lente hombre. No sé cómo pude hacer este descu-
yo otro en alguna parte, desplazándonos, vos ahora
brimiento: pero tenía certidumbre de la disimulada
a lo mejor en la rue de la Huchette, yo ahora descu-
herida como si la hubiera visto con mis ojos y toca-
briendo en tu pieza vacía esta novela, mañana vos en
do con mis dedos. Era un desconsuelo profundo,
la Gare de Lyon (si te vas a Lucca, amor mío) y yo
abrumador, el sentimiento de no verme casado con
en la rue du Chemin Vert, donde me tengo descu-
una de sus tres hijas; contrariedad irremediable, por-
bierto un vinito extraordinario, y poquito a poco,
que sus tres hijas,¡ay, dolor! estaban ya casadas.


Maga, vamos componiendo una figura absurda, dibujamos con nuestros movimientos una figura idéntica a la que dibujan las moscas cuando vuelan en una pieza, de aquí para allá, bruscamente dan media vuelta, de allá para aquí, eso es lo que se llama movimiento brownoideo, ¿ahora entendés?, un ángulo recto, una línea que sube, de aquí para allá, del fondo al frente, hacia arriba, hacia abajo, espasmódicamente, frenando en seco y arrancando en el mismo instante en otra dirección, y todo eso va tejiendo un dibujo, una figura, algo inexistente como vos y como yo, como los dos puntos perdidos en París que van de aquí para allá, de allá para aquí, haciendo su dibujo, danzando para nadie, ni siquiera para ellos mismos, una interminable figura sin sentido.

lunes 31 de octubre de 2011

Estólida estructura escrita

Dejo de dos en dos, durante días disílabos
la lánguida y lúdica luminosidad deslúcida
con que cruzo con cautela cálidas calles
para poder preveer las probabilidades de pájaros aprontándose a los puentes.
Silvo a las olas de los aires solos sales minerales para salvar los secretos
que quien quizás aqui quiera querer
tenga tanto cuanto el tiempo tiente e intente retener latentemente
muchos miles de millones de músculos miran el masaje de la mano que muestra el movimiento
entre estos enigmáticos escondites el eco se escucha efusivo
boca abierta a la brisa
vocales del vuelo en el viento vital
fantasía de fonemas y fanfarrias
llaman a la llave que llamaradas lleva
hacia los hechos, los hechizos, las haciendas y los hombros de los hombres
rápido corren arrancando del raudo ruido radical
Hasta que finalmente les dice al oido, que hay dieciseis pájaros en el puente y ochenta y nueve en ese cielo, pero que calcular probabilidades con pájaros es tan idiota como hacer calzar una vocal o una consonante en cada palabra de un verso.

miércoles 14 de septiembre de 2011

Autogestión

AUTOGESTIÓN1: Dícese del tipo de organización interna de una empresa en la cual son los propios trabajadores los que toman las decisiones sobre su funcionamiento.
(Definición en sentido amplio, es decir, concepto chanta).

AUTOGESTIÓN2: Es la gestión cooperativa de una asociación, en la que participan todos sus integrantes de forma libre e igualitaria y con independencia de factores externos a la misma. La autogestión tiene dos objetivos principales: promover la participación en una actividad de los implicados de la misma, sin delegar en otras personas y sin relaciones de autoridad entre los participantes; y también alejarse de las ayudas que pudieran dar o recibir sectores enemigos a la asociación autogestionada, siendo así independientes de cualquier factor político o económico externo. Esto último es el motivo principal que empuja a muchas organizaciones anarquistas de todo tipo (sindicatos, escuelas, librerías e incluso grupos de música) a llevar a la práctica la autogestión organizándose de tal modo que sean totalmente independientes de cualquier organización política o económica. (El concepto que interesa, aunque sacado de wiki, pero sirve igualmente).
No hacíamos nada malo. No dañábamos la economía de ningún gran grupo en general así como tampoco la de alguien en particular. Nos levantábamos temprano para ir a comprar nuestras materias primas, ya teníamos caseritos, y cómo no, también teníamos clientes asiduos; tales eran los casos del tío del ají, la loca pitiá, el pololo de la loca pitiá, el flaite que nos pedía que lleváramos marihuana, entre otros varios comilones de hamburguesas de soja que, con 30 minutos de break, esperaban nuestra llegada a su pérfido y fome asiento, para darse el banquete en medio de llamadas telefónicas.
La verdad es que el call center era nuestra gallinita de los huevos de oro. Con la mono estamos en las mismas: sin clases y sin plata. Por lo mismo, decidimos un buen día comenzar a autogestionar una pyme de hamburguesas de soja para al menos, salir del paso. Acudimos a los típicos puntos de venta de la ciudad: Parque Forestal, Parque San Borja, marchas y eventos varios, pero nuestro punto fijo, como ya confidencié, era el call center en el que trabajé el año pasado y hasta febrero del año en curso, del cual salí muy bien -pese a que no me gustaba la pega y que nunca fui la que tuvo los puntos, metas y todas esas mierdas que miden-, amigui de cuanto supervisor había y con los mejores deseos de parte de todos ellos para este año de re-comienzo universitario que sabían, experimentaría quien escribe. Pero el mundo ha sido crudo conmigo desde que abandoné la burbuja jurídica, me ha dejado sin mi amada Sociología durante bastante tiempo, me ha hecho necesitar dinero como una vil villana, me ha puesto en encrucijadas éticas casi todos los días y a cada rato, y ahora, me arrebata un buen recuerdo y me hace ganar más odio. Me deja sin entender cosas simples, cosas que antes quizás no necesitaba entender porque me bastaba con la crítica dura e ideológica, pero que hoy me cuesta llenar a puro pensamiento. No entiendo por qué, si no le hacíamos daño alguno al puto call center, nos hecharon a la calle, con hamburguesas y todo, a modo de inmigrantes ilegales, frente a todo el mundo, y sin ninguna explicación más que la violación de una propiedad privada que tiene aspecto de propiedad pública y en la que, insisto, no hicimos absoluto daño. No rayamos paredes ni tampoco baños. No propagamos ni insinuamos mensaje subversivo alguno frente a tal imperio capitalista. No molestamos a ninguna persona ni le quitamos el puesto de trabajo a nadie. Pero nos hecharon. Nos tiraron a la calle. Como dos perros callejeros sin derecho a nada, ni a explicación, ni mucho menos a rostro, porque claro, estas empresas suelen tener la particularidad de contar con autoridades invisibles que finalmente se traducen en pequeños trabajadores que lisa y llanamente se limitan a responder: " yo sólo recibo órdenes". Entonces ¿qué puede hacer uno, aguja en pajar, uno de tantos, uno invisible SIN poder, frente a aquel invisible CON poder? Nada. Elevar un reclamo cuya burocracia ataca con toda su distensión y el conflicto se agota una vez que la paciencia se extingue. Pero lo peor de todo, es ver cómo la autogestión queda reducida a un "fuera de aquí" mientras la explotación sí tiene una cómoda y cálida recepción, mientras el abuso se sienta con calefacción en el invierno y la estafa con ventilador en el verano. Porque cada hamburguesa que vendí fue sin trampa, sin engaño. Porque mantuve un precio que acomodara al trabajador común cagao de hambre. Porque no tuve que acudir a ninguna frase tipificada (a ninguna estafa legitimada) para recibir los $500 pesos de mi producto. Yo no provoqué endeudamiento alguno de ninguna persona, ni desplomé economía familiar, ni esclavicé por meses ni por años al pago de nada. Y sin embargo, estoy fuera, estoy al margen. Soy una marginada y por qué no, una marginal. ¿Cabe eso en la lógica? ¿Es irrisorio entonces estar asqueada de este sistema de la puta madre condenatorio, esclavizante, explotador, macabro, individualista? Pero claro, allá están todos ellos, felices con sus "incentivos", felices por lograr las "metas". ¿Qué acaso no saben, no perciben, que esas NO SON SUS METAS sino las de un empresario que debiera tener asco por tener tanta plata? ¿No se dan cuenta que vender 60 seguros a personas que no los necesitan y que, más aun, no pueden pagarlos, no es ni puede ser jamás un incentivo? Yo fui una anarquista de ese sistema, mientras trabajé ahí vendí sólo a personas que querían comprar y no engañé a nadie, por lo mismo, ahora no se reconoce en mi un "perfil venta" y no me quieren de vuelta... Muchas gracias por confirmar mis leves sospechas de que no sirvo para estafar a las personas.
Ahora bien, saliendo del escenario mencionado-vapuleado, la autogestión también se hace difícil en general. Recientemente y a modo de ejemplo, se quiso retornar a la antigua tradición de la feria de las pulgas del Parque Forestal, que funcionaba sagradamente los días domingo en la tarde y que era tan visitada por todos quienes buscaban alternativas 3b, osea, "buenas, bonitas y baratas" y que albergaba a quien quisiera y pudiera ir a vender sus cosas. Eso ya no es posible. Los pacos por órdenes de la Ilustre Municipalidad hecharon a todos los vendedores del parque, -cuyo acceso es público al igual que su propiedad-, haciendo uso desmedido de su autoridad y desarticulando con esto no sólo una feria, sino un espacio de esparcimiento, tradición y cultura. Así es como nos vamos perdiendo. Pareciera que la propiedad privada, el lucro, la ganancia despiadada y a toda costa, esa que se obtiene poniéndole la pata encima al otro, es lo único válido en nuestros tiempos y todo lo demás, es práctica de hippies desadaptados que quieren "todo fácil". Tales imposiciones me hacen llorar al entender que suponen siempre una misma cosa: ya salió de las consciencias la negación ante la explotación del hombre por el hombre, ahora es asunto de lo común y, como tal, no queda más que la aceptación.
Me pregunto cómo sería ser ellos.
Pero me conformo con no poder serlo.
Todo esto me trae infinidad de conflictos internos, me trae lucha y por cierto, también mucha decepción, pero creo que falta camino que recorrer para saldar al menos las dudas más profundas.
Como dice Silvio: "Lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida".
Al menos después de esto, me siento capaz de afirmar de todo corazón que estoy dispuesta a dar mi vida por saberlo.