jueves, 26 de agosto de 2010

Elucubraciones de medianoche

Pienso todavía ver en cada día un amanecer mejor. Pienso en los recobecos de mar que entre cosquillas dejan su manifiesta existencia en mi cuerpo, aún. Pienso en todas las palabras que he leído últimamente, en los laberintos ontológicos de Cortázar, en las campañas anti gubernamentales, en la poesía de los muros, en las canciones que se escriben en el viento y viajan hasta los oídos de todos. Pienso en ese diminuto recuerdo que albergo de aquellos sueños que por la noche sueño, cuya frágil existencia se quiebra con tan sólo poner los pies sobre la tierra y despertar a ella, como si en el camino que va desde el mundo de Morfeo hasta el nuestro hubiesen infinitas puertas equivocas...o tal vez acertadas...o tan sólo ciertas...y eso ya es bastante. Pienso en que mi cielo de flores, ése cielo que cubre todo lo malo transformándose así en la mejor de las cápsulas protectoras, no es tan infalible como lo creí cuando lo inventé. Y debo repararlo pronto. Pienso en viajar, en descubrir, en aprender y en contemplar. Pienso en lo que quiero ser cuando "grande"...y lógicamente, aún no lo tengo claro. Pienso en los tiempos actuales, en los principios y el dinero, en los lazos y el dinero, en el tiempo y el dinero, en las necesidades y el maldito dinero. Maldito dinero. ¿Qué diría de esto Tomás Moro? ¿Qué dicen todos? Y este maldito sistema, perverso sistema de rivalidades y malas prácticas, de exclusiones y lleno de carencias, lleno de fallas técnicas cuya existencia se justifica en el poder de aquellos que se burlan todos los días de quejas como ésta. Pienso también en las mariposas del futuro, gusanos del presente, en su lecho de metamorfosis, en su capullo de olvido...¿Cuántos olvidos? Pienso en que a veces siento que no tengo la verdad que quiero ante mis ojos, generando una sensación de molestia absoluta, de indecisión bruta, porque aun cuando no podría no aceptar que la verdad es una y no necesariamente la que quiero, ¿Qué hacer con esa parte, ese atisbo de molestia ante la verdad innegable? Pienso en los pasos que he dado a través de caricias y juramentos de amor imperecedero. Pienso en las historias compartidas, en las risas, en las discuciones absurdas por el mal uso de un término y los argumentos circulares que no nos llevan a otra cosa que a saber que siempre estuvimos de acuerdo. Pienso en que eres viento y en que soy agua. Pienso en que el cielo y sus constelaciones dejan espacio para que en ventanas aisladas vivan estrellas solitarias que en su soledad llorarán siglos hasta reventar en una explosión de muerte y que justamente ahí, en su muerte, lograremos verlas y es triste porque al final de cuentas nunca podremos ver estrellas alegres sino tan sólo bañarnos con su llanto y, lo que es aún más triste, disfrutar de él en alguna noche romántica o alegrarnos al pedirle un deseo a una lágrima. Pienso en el instante en que te beso y me besas, en que siento la piel de tu rostro, en que acariciar tu cabello se convierte en una exploración por caminos fértiles, en que al fin te tengo. Pienso en las nubes y también en las nuves, en los niveles y en los nibeles, en los hay, ay, ahí, en los azules, los verdes, los rojos y los cafés, en que todo forma parte de una máquina o un caleidoscopio o un destino, en que todo lo descrito puede reducirse a tan sólo una posibilidad, una de millones o billones o trillones de posibilidades, pero que han tomado estas formas y que todo ello debe trascender a algo que quizás algún día logre conocer...y quién sabe si en descubrirlo se va otra vida más.

viernes, 20 de agosto de 2010

Mujer sin cabeza

-"¡Pobre de la mujer descabezada que corre por los adoquines!"

Gritó Erastófanes, mientras la mujer corría de un lado a otro de la calle, esquivando a los autos, recogiendo las cosas que se le caían, huyendo de todo.

-Ay! -Dijo Erastófanes- ¿Cuándo será el día en que el pensar le sirva de algo a esta muchacha? Si ya comienza a parecer imposible que transite sin correr devolviéndose a casa por algún artículo olvidado. ¿Y yo? ¡Para qué decir! Ya tuve que instalar en mi kiosco un mapa de la ciudad con todos los puntos de referencia importantes, colgar un reloj y hasta ponerle alarma a las 22.00 hrs. Pero bueno, qué se le va a hacer, ella es la mujer sin cabeza que corre por los adoquines así como yo soy el vendedor del kiosco. ¿Cómo? Ah! A docientos las galletas, señora De Lewis.

Comiendo sus galletas, tranquila, camina por la plaza la señora De Lewis, cuando derrepente...
-Y ahí vamos denuevo. ¡Pontela sobre los hombros no en los codos ni los pulgares! ¡Esta muchacha nos va a dejar sin cabeza a nosotros! dice De Lewis a Camilito.

Jugando con su emboque, Camilito ve igual que ayer y que antes de ayer a la mujer sin cabeza corriendo por la calle, saltado las veredas, volando sobre las escaleras para alcanzar el tren. Continúa jugando y vuelve a verla, ésta vez en dirección opuesta. Ella lo ve, lo reconoce y lo saluda. Él responde y le pregunta:

-¿Dónde dejaste tu cabeza, mujer sin cabeza? A lo que ella contesta:

-Justo donde la tuya no lo piensa.

Camilito queda desconcertado, al comprender que ella no tenía remedio alguno, es decir, que nunca volvería a tener su cara tras la nuca y frente al mundo. Surgieron en él cientos de interrogantes, pero a ninguna encontraba respuesta. Un día completo transcurrió, hasta que volvieron a toparse. Ella se veía un poco más tranquila que otras veces; no tenía sus mejillas coloradas, ni la respiración agitada, ni sus ropas desordenadas y,lo que es aún más increíble, no iba corriendo. Entonces Camilito se acercó nuevamente y, tomando la mano de aquel cuerpo sin cabeza, dijo:

-Tienes razón, no puedo pensar en qué lugar tus ojos miran. Pero sí puedo creer que quisieras que ahora me estuvieran viendo a mí. Lo que sucede es que tienes miedo, quizás.

-¿Miedo? -Dijo la mujer sin cabeza- ¿A qué?

-A que cuando tu cabeza comience a pensar, tu corazón deje de latir. Pero eso no es así. Sentir y pensar, a la vez, te hacen estar completa. Claro, hay quienes sólo utilizan la cabeza y sí, muchas veces ellos causan daño, pues de tanto pensar caen en absurdos y se alejan de lo fundamental...pero tú, sin cabeza, no haces más que vivir en medio de un caos que no alcanzas a comprender...Bueno. Siguiendo las palabras de la señora De Lewis, ¿Vas a ponértela otra vez, sobre los hombros?

Y lentamentente su camino emprendió, ya que al fin la mujer sin cabeza recordó dónde su cabeza olvidó; estaba ahí, sí, junto a su corazón, pero tan al fondo que ya casi no veía el sol. Poco a poco su vista de luz empañó y siendo así, nunca más nada perdió.

F I N

martes, 3 de agosto de 2010

A modo de reclamo (carta a mi escritora)

Después de mil y una ideas desechadas, después de frases bellas y otras horribles, después de océanos de inteligencia y de universos de estupidez, después de darse cuenta de realidades paralelas, tecnológicas, contemporáneas y -sobre todo- reales, después de atarse los zapatos a la cabeza, la blusa a la cadera y el escote a la rodilla para lograr seguir viva, después de medir las distancias con relojes de arena, imaginar al hombre imaginario, pasear por entre cerros y escaleras, después de luces de ciudad, humor intelectual y desfachatez, después de amores y amoríos, después de haberme desechado, te escribo.
Soy yo, sí, yo, éste "sitio web" ¿Creíste que mantendría el silencio por mucho tiempo? Entonces te equivocaste. Estoy aqui reclamando mi derecho a ser publicado con la más pura de las honestidades y con la más luminosa de las transparencias. Quiero que vuelvas a dejar en mi tus ideas ya que de otra forma, las telarañas cibernéticas se apoderarán de mí y ya no serviré de nada pues recuerda que en la era tecnológica todo se mide por su utilidad y efectividad. Harto estoy de que ingreses tu contraseña, me ilusiones al teclear un par de frases y al final lo borres todo. Quiero en mí jitanjáforas, sinécdoques, acidez y palabras de amor. También deseo una que otra historia surrealista, algún comentario marxista y sí, también, el infaltable detalle existencialista. Quiero discursos narrativos, expositivos y argumentativos. Estoy hecho para ser tallado en palabras. Habito un mundo que si bien aparenta ser cercano, es totalmente intangible; hablo desde las profundidades de las señales invisibles, desde el mismísimo aire es que proyecto mi voz y un sol y un satélite me traen devuelta hacia ti. ¿Aceptarás mi plegaria?

Con cariño y dolor por tus desprecios, se despide atentamente:

(TODO LO QUE VES)