"Y me contó la historia de un muchacho enamorado de una estrella. Adoraba a su estrella junto al mar, tendía sus brazos hacia ella, soñaba con ella y le dirigía todos sus pensamientos. Pero sabía o creía saber, que una estrella no podría ser abrazada por un ser humano. Creía que su destino era amar a una estrella sin esperanza; y sobre esta idea construyó todo un poema vital de renuncia y de sufrimiento silencioso y fiel que habría de purificarle y perfeccionarle. Todos sus sueños se concentraban en la estrella. Una noche estaba de nuevo junto al mar, sobre un acantilado, contemplando la estrella y ardiendo de amor hacia ella. En el momento de mayor pasión dió unos pasos hacia adelante y se lanzó al vacío, a su encuentro. Pero en el instante de tirarse pensó que era imposible y cayó a la playa destrozado. No había sabido amar. Si en el momento de lanzarse hubiera tenido la fuerza de creer firmemente en la realización de su amor, hubiese volado hacia arriba a reunirse con su estrella."
Año 2005, tercero medio, más idealismo, menos tierra firme, la misma maravilla ante la literatura.
El profesor tuvo que golpear la mesa con el libro de clases (poom!) para que mis compañeras dejaran de cacarear. Pobres, no entendían ni un mísero parágrafo de lo escrito por Hesse y pedían a gritos que cambiaran "Demian" por "Harry Potter". Pero el gran MOLL procedería consecuente con los dictámenes de su razón culta.
-¡Hesse es un Nobel de la Literatura! -dijo, y con eso se cerró el caso "Demian" del 3°B, 2005.
Y yo fui muy feliz, como siempre durante mi período de estudiante 10, fui pernamente feliz. Y no fue porque como casi todas las veces, mi opinión concordara con la del académico en cuestión a fin de que el colegio fuese una experiencia más interesante, de la que se pudiesen degustar más elementos complejos, desconocidos, divertidos, hondos en dimensiones intelectivas, en contraste con las demandas de la masa burda de mis compañeras que sólo querían virar con la mejor nota y el menor esfuerzo...hecho del que no las culpo tampoco, (inserte aquí discurso pro-movimiento estudiantil). Fui feliz porque entendí la causa final de la transmisión del mensaje. Capté, siento que logré captar la intención, la razón que se tuvo al momento de escoger la obra de arte que llegó a nuestras manos y, por todo aquello, comprendí también y anhelé el golpe a la mesa con el libro de clases al mismo tiempo en que odié el estruendo administrativo en que éste devino producto de los alegatos de las gallinas clotas que vieron en tal acto, una ofensa hacia su integridad.
Yo necesitaba Demian, al igual que a Demian.
Nunca fui Sinclair, nunca tuve miedo ni guardé silencio. Siempre me lancé a todas las estrellas amadas con ardor, mi salto ciego era no más que parte del procedimiento obvio...el punto es que, nunca lo supe. La conciencia de mi inmortalidad hacia el vacío no existía y por eso, no existía vacío. De ahí que mis saltos no eran verdaderos saltos, eran pasos en línea recta sobre un camino previamente trazado. Confiada, dando todo por hecho, sin la necesidad de la experiencia, sin el anhelo de la guía.
No es fácil creer firmemente de manera consciente, pues para poder hacerlo, antes se tuvo que transitar caminos diversos que, luego de otorgar una y otras respuestas, no nos llevan sino a la nada, a esa nada linda y lunar que es el abismo. Ése único abismo, personal, íntimo. Ése límite, ésa línea sobre el horizonte, sobre el universo y bajo él, esa cuerda floja de circo, ese espectro ultraterreno de dudas y certezas y de cuanto juego pueda jugar la razón humana con todo y sus límites y sin ellos, ese lugar en que todo se decide, y para siempre.
Sin conocer el abismo, no se puede saber qué es la tierra y qué, el cielo.
Pero el abismo no es sólo cosa de conocimiento, no ha de bastarse con que nos internemos en las mecánicas de la razón y los logros de las aprehensiones cognitivas. Va infinitamenteeeeeeeeeeeeeeeeeeeee(continuará, créanme, hagan el ejercicio de proyectar la línea inacabable...) más allá de lo que podamos creer porque es el inicio del fin y el fin del inicio de todo y de nada. Y así es como entra la fe y se imbrica como la sangre y viaja como las plaquetas en la sangre por las venas, puentes de pulsación. Fe. El amor por creer.
Razón y sentir copularon en el abismo intrépido y tuvieron un hijo, al que llamaron FE. Con "F" de Fin, con "E" de Eternidad.
Es por eso que el salto al abismo, es continuar después del término, pero nunca por conseguir un fin instrumental sino por ir más allá de lo que inicialmente se afirmó como posible, que es también, lo que nos hace anhelar supuestos "imposibles"...Lo posible sólo SE posibilita, no logra sustentar su existencia en sí mismo.
La metafísica del impulso hacia la nada configurada como ente concreto que aparece gracias a la convicción purificada, digna y genuina.
Entonces al fin se obtiene la certeza, y se queman los labios con el beso estelar.