El mar viene y se va, va con su marcha azul llevándoselo todo.
Se está llevando las casas, los autos, los barcos grandes y los chicos también, se lleva los árboles de raíz desarraigada, se lleva las bancas de las plazas centrales y las ventanas de los edificios y las flores de las calles y los letreros de las calles y los semáforos de las calles y el cemento de las calles y lo esparce todo, lo da vueltas, lo arrastra con su fuerza colérica, lo toma con sus manos eufóricas y lo deja en lugares extraños. Y se lleva entre todo eso a las personas también, y después, cuando se va, nos permite encontrar sus vestigios de carne repartida en trozos de llanto y de lágrimas de humanos tristes que no comprenden por qué suceden estas cosas, que no logran responderse sus propias preguntas, que no quieren más catástrofe, más lluvia desatada, más sequía enojada, más aluvión imparable.
Pero resulta que todo pasa por algo, y que ésta vez no podemos hacer como lo hemos hecho tantas y tantas veces anteriores. No. Ésta vez debemos oir lo que nos quiere decir el lugar que habitamos, porque aunque los aparatos burocráticos o los personajes institucionales intenten llamarnos a la calma con frases como:"Debemos estar orgullosos de la excelente respuesta que nuestro país ha dado a los hechos sucedidos", es innegable que después de dos mil años de vida y de muerte, de invenciones y destrucciones, de felicidades y calamidades, éste lugar, ésta estrella herrante que es nuestro planeta, nos está empezando a exigir que nos vayamos de él y lo dejemos sólo, en paz con su agua, su viento, su fuego y su tierra.
Entonces surgen preguntas...
¿Qué es lo que debemos hacer para salir bien parados de éstas circunstancias naturales que destrozan nuestros pilares? O quizás, la formulación debiese realizarse en el sentido inverso, quizás debiera preguntarme ¿Qué es lo que debemos DEJAR DE HACER para que todo ésto deje de suceder?
Pero las preguntas quedan abiertas...y las respuestas se encierran en su dimensión invisible-no-aprehensible.
Después viene todo el cuento mediático, vienen las noticias con su sobre información, con sus transmiciones y sus imágenes repetidas, con sus entrevistas inútiles a la señora que mira desde el puente cómo se forman las olas intentando hayar alguna novedad en todo eso, vienen los expertos en disciplinas jamás antes escuchadas, en esas ingenierías que surgieron casi por generación espontánea, y la atención se desvía hacia cosas banales, y más que la preocupación por lo que nos dice la Tierra es la preocupación por la propiedad privada, por la conferecia de prensa del Presidente de la República y por la respuesta que a ésta dará el sector opositorio, y bueno...así es que estamos como estamos.
No hay raya para la suma en esto. No somos capaces de concluir nada. Y yo me pregunto cómo sería todo si fuesemos capaces de experimentar lo contrario.
Se está llevando las casas, los autos, los barcos grandes y los chicos también, se lleva los árboles de raíz desarraigada, se lleva las bancas de las plazas centrales y las ventanas de los edificios y las flores de las calles y los letreros de las calles y los semáforos de las calles y el cemento de las calles y lo esparce todo, lo da vueltas, lo arrastra con su fuerza colérica, lo toma con sus manos eufóricas y lo deja en lugares extraños. Y se lleva entre todo eso a las personas también, y después, cuando se va, nos permite encontrar sus vestigios de carne repartida en trozos de llanto y de lágrimas de humanos tristes que no comprenden por qué suceden estas cosas, que no logran responderse sus propias preguntas, que no quieren más catástrofe, más lluvia desatada, más sequía enojada, más aluvión imparable.
Pero resulta que todo pasa por algo, y que ésta vez no podemos hacer como lo hemos hecho tantas y tantas veces anteriores. No. Ésta vez debemos oir lo que nos quiere decir el lugar que habitamos, porque aunque los aparatos burocráticos o los personajes institucionales intenten llamarnos a la calma con frases como:"Debemos estar orgullosos de la excelente respuesta que nuestro país ha dado a los hechos sucedidos", es innegable que después de dos mil años de vida y de muerte, de invenciones y destrucciones, de felicidades y calamidades, éste lugar, ésta estrella herrante que es nuestro planeta, nos está empezando a exigir que nos vayamos de él y lo dejemos sólo, en paz con su agua, su viento, su fuego y su tierra.
Entonces surgen preguntas...
¿Qué es lo que debemos hacer para salir bien parados de éstas circunstancias naturales que destrozan nuestros pilares? O quizás, la formulación debiese realizarse en el sentido inverso, quizás debiera preguntarme ¿Qué es lo que debemos DEJAR DE HACER para que todo ésto deje de suceder?
Pero las preguntas quedan abiertas...y las respuestas se encierran en su dimensión invisible-no-aprehensible.
Después viene todo el cuento mediático, vienen las noticias con su sobre información, con sus transmiciones y sus imágenes repetidas, con sus entrevistas inútiles a la señora que mira desde el puente cómo se forman las olas intentando hayar alguna novedad en todo eso, vienen los expertos en disciplinas jamás antes escuchadas, en esas ingenierías que surgieron casi por generación espontánea, y la atención se desvía hacia cosas banales, y más que la preocupación por lo que nos dice la Tierra es la preocupación por la propiedad privada, por la conferecia de prensa del Presidente de la República y por la respuesta que a ésta dará el sector opositorio, y bueno...así es que estamos como estamos.
No hay raya para la suma en esto. No somos capaces de concluir nada. Y yo me pregunto cómo sería todo si fuesemos capaces de experimentar lo contrario.