Aquellos tiempos que se vivieron entre las décadas del 60' y el 90' en Chile no sólo han dejado marcas en la memoria y en las almas: Carmen Castillo, compañera de Miguel Enríquez, fundador del MIR asesinado el 5 de octubre de 1974 por los militares en su domicilio ubicado en la calle Santa Fe, Santiago, nos cuenta su experiencia durante el período de su exilio político y posterior al mismo, y la de sus compañeros y amigos a través de este documental filmado con lente rojo...
"Los argumentos eran la vida, no el miedo"
"Y pasé de la vida a la existencia"
"Veía cómo en mi país la vida seguía, seguía sin mí"
"Era complicado porque queríamos hacer tanto por entregarles a nuestros hijos un futuro mejor, pero por la misma causa teníamos que abandonarlos"
"La muerte sólo era una circunstancia...no se hacía presente a la hora de decidir el comienzo de la lucha"
"La resistencia en las poblaciones: La Victoria, La Bandera..."
"Porque si no había comida; se hacían ollas comunes, si no había eduación; se creaban centros de eduación popular..."
"Sentí que no podía seguir siendo madre, así es que mandé a Camila lejos y me escribió todas las noches para tenerme cerca"
"Como una sonámbula entre Roma, París, Estocolmo, Toronto..."
"Todavía hoy nos preguntamos si es que la muerte de todos esos compañeros fue o no en vano"
"Pero los principios del MIR siguen presentes en los barrios del pueblo. No nos vencieron, no lo lograron"
"Me dijo: nosotros tenemos que protegernos de la policía de los ricos, mamá."
"Y comprendimos el problema de la muerte"
"Sabiendo eso, no te preguntas por qué es que un compañero resiste a la tortura mientras canta el himno de la Internacional"
"Recuerdo que Miguel devoraba libros, bailaba con gran ritmo y reía a carcajadas"
"Éramos una organización nueva, joven, no sabíamos cómo enfrentar la revolución y probablemente cometimos errores"
"Yo decidí vivir en la clandestinidad para seguir trabajando"
No integro el MIR ni lo integraré, pero sí creo en los ideales de igualdad y justicia social. No tengo familiares desaparecidos, pero sí llevo en mi ese resentimiento mezcla de injusticia e incertidumbre. No milito ni mucho menos figuro en los registros electorales, pero sí tengo un planteamiento crítico frente a la política chilena. No creo en la revolución armada, pero dudo de la realidad de la democracia de la que nos hablan cuando observo una sociedad ignorante de su historia y atemorizada por quienes la gobiernan. No pretendo pronunciarme sobre un hecho tan terrible y doloroso por pretender jugar a la revolución, sólo quiero que aquí quede de manifiesto que esos "sueños" de los que tanto se mofan algunos en la actualidad fueron los que en un determinado momento histórico brindaron a nuestro país una esperanza, una alegría, un motivo de unión y de lucha, fueron los que generaron un movimiento de todos los actores sociales, los que provocaron el interés del pueblo por informarse, organizarse y participar...y que todo eso, en contraste con la realidad actual no es una quimera, es un pasado verdadero, que quisieron borrar, que quisieron matar, pero que no lograron eliminar porque todavia vive gente que no cae en el jueguito del pragmatismo y la debilidad de la inmediatez que significa salvar el día a día...todavía hay receptores de esa verdad...todavía hay personas que se interesan en tener una finalidad por la cual encauzarse...todavía hay quienes sueñan despiertos...y mientras eso sea así, la historia seguirá siendo nuestra.
No pueden las balas asesinar ideales.