Te decía en la carta
que juntar cuatro versos
no era tener el pasaporte a la felicidad
timbrado en el bolsillo,
y otras cosas más o menos serias
como dándote a entender
que desde antiguamente soy tu cómplice
cuando bajas a los arsenales de la noche
y pones toda tu alma
y la respiración
perfectamente controlada,
por mantener en pie tus rebeliones
tus milicias secretas
a costa de ese tiempo perdido
en comerte las uñas, en mantener a raya
tus palpitaciones,
en golpearte el pecho por los malos sueños,
y no sé cuántas cosas más
que, francamente, te gastan la salud
cuando en el fondo
sabes que estoy contigo
aunque no te vea
ni tome desayuno en tu mesa
ni mi cabeza amanezca en tu pecho
como un niño con frío,
y eso no necesita escribirse.
*Sólo porque me encantas cada vez que lo leo amore mio...
miércoles, 6 de octubre de 2010
martes, 5 de octubre de 2010
A ti, pintor
(Es éste uno de los resultados hallados en la búsqueda desesperada por encontrar un creador)
Convertirse en pintura. Ser en el cuadro. Mirar y fusionarse. La vista es la llave que abre la dimensión del cuadro y el cuerpo es azul, es amarillo, es calipso, verde, violeta, burdeo, blanco volátil. Los pies son el pincel, la tela es el espejo, las sombras el ayer y los matices son los matices también. Entrar en él, suave lienzo de acuarela y acrílico, de ámbar, de flor, de solsticio y todo en él contenido: el pintor crea el génesis de la historia con la primera brocha y lanza al espacio colores infinitos, trazos de existencia original, dibuja vidas por comenzar y otras ya acabadas, dibuja vidas alcanzando el ocaso de su vida y vidas despertando al inicio de su muerte y es que lo alcanza todo, lo puede todo con tan sólo una tela y un pincel y una rosa cromática de pétalos inacabables. Pinta pintor, pinta para que pueda verme, píntame en medio del océano, al centro del sol, justo bajo el último rayo de luna. Pinta pincel-pintor-pincel, pinta para que la mañana florezca, para que las aves dancen y los árboles cambien de color. Píntame pintando, déjame crear, entrégame el lápiz que logre imbricarse con la sangre, con toda la sangre, roja y dulce sangre. Entrégame los sentidos más allá de lo que siento hoy, déjame ver con las manos y palpitar con los ojos, déjame saborear los lilas, llenarme de celestes, abrigarme con cafés y desaparecer en el negro junto con todo lo demás…Dame la luz pero no me dejes en blanco, que así no podrás verme y yo sufriré sabiendo que no puedes descifrar mis formas. Píntame para que yo pueda verte, para que mis ojos sean tu mirada puesta en mí y mis manos sean aquel nexo que une tu vida de dimensiones reales con mi vida de colores por ti creados. Vas a dejar tu alma en mí, pintor, y yo deberé agradecerte la mía por siempre.
Pinta, sé de paisaje, de retrato, de catedral, de caballo al viento, de unicornio eterno…
Pinta, sé de colores, sé de lienzo, sé de pincel.
Pinta…
domingo, 3 de octubre de 2010
Valparaíso terrible
Es terrible acordarme de ti, Valparaíso.
Es terrible cerrar los ojos y verme entre tus viejas calles y tus paredes con murales únicos. Es terrible respirar queriendo sentir tu olor de puerto, olor de mar, olor de gaviota, olor de libertad. Es terrible no tener tu humedad guardada en el cuerpo día y noche y día y noche y en las manos y en el pelo y en la noche de mis manos húmedas sentir tu cuerpo de piratas y tranvías. Es terrible recordar cada paso por tus cerros, cada risa, cada atardecer: la esquina de Uruguay con Pedro Montt, frente al Teatro Municipal en plena Plaza O`Higgins, el viento como imán sobre mi cara mientras contemplaba el mar en el muelle Barón, la fábrica de café que dejaba caer toda su magnífica presencia en una fragancia que nunca olvidan quienes visitan la Plaza Victoria a las seis de la tarde, la calle Brasil con sus palmeras y la esquina con Argentina, donde aquel monstruo de concreto me vio pasear tanto tiempo… y Playa Ancha y Placeres y Mariposa y Artillería y Cumming “Poseída” por los bares, las hamburguesas vegetarianas y los artesanos en las veredas…
Es terrible ver que las luces de Santiago no brillan como lo hacen las tuyas. Es terrible vivir sin tu magia. Es terrible extrañarte tanto, necesitarte como al agua. Estoy terriblemente atada a ti y tus recuerdos no me dejan vivir en paz. Es terrible la melancolía de no escuchar tu música, de no pisar tu suelo, de no salir a ver tu mar, de no respirar tu poesía, de no acariciar tus colores. Es terrible la noche sin tu noche y el día sin tu día. Es terrible que mi lista no termine. Es terrible todo sin ti, Valparaíso.

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