Acusado de ser idealista (y por consiguiente estúpido), de atentar contra la tan preciada libertad de los capitalistas (ojo, que la de los capitalistas no es igual a la del resto ya que la de éstos últimos suele prescindir del dinero para hacer ejercicio de ella), de difundir planteamientos del todo irrealizables producto de los cuales mucha gente murió inútilmente, de dividir al mundo y de producir cáncer en las sociedades, que pase al estrado el señor Karl Marx.
Acusada de loca y hereje por el mundo católico que unos cuantos años más tarde la canonizaría, de accionar como hombre, de estar inhabilitada para guiar un ejército hacia la libertad por el sólo hecho de tener útero, de bruja por sobrevivir a múltiples ataques en vez de ser alcanzada por las garras de la muerte tal y como a sus valientes y machos soldados les ocurría y de mantener firme su verdad ante las autoridades que la contrariaban, que pase al estrado la señorita Juana de Arco.
Acusado de extremista, de querer arrebatar a gringolandia su patio trasero y a Europa su jungla privada, de malgastar su vida en la lucha por la independencia de los países latinoamericanos y de imperialista por querer unificar América en un solo sentir organizado, autónomo y carente de explotación rubia y de ojos azules, que pase al estrado el señor Simón Bolívar.
Acusada de revolucionaria y por ende extremista y por ende idealista y por ende estúpida, de evitar la entrada de la asquerosa cultura estadounidense a su tierra, de sarcástica e irreverente, de fea por no sacarse las cejas, de permitir la entrada a su casa a personalidades como León Trotsky y morir de cáncer comunista, que pase al estrado la señorita Frida Kalho.
Acusado de populista, de alentar a las masas obreras a exigir la posición social merecida por su trabajo y esfuerzo, poniendo así en peligro la seguridad y el confort de los patrones, de no cantar sino protestar, de no anunciar sino denunciar y de no aceptar sino criticar, de guiar a la gente humilde en la participación por un cambio que los incluía, de aportar al folklore nacional identidad propia y deselitizar el arte, que pase al estrado el señor Víctor Jara.
Acusado de patriota cuando aún no había patria, de ser un señorito que jugaba a la revolución, de amante de la juerga y de las mujeres, de mezclarse con el populacho pasando por alto sus estudios de leyes, de rebelde, de mofarse de las autoridades de turno y de hacer peligrar el control español en Chile, que pase al estrado el señor Manuel Rodríguez.
Vistos los antecedentes, se condena a los acusados a la pena de tener que ser recordados por todos sus detractores hasta el fin de sus días y sin uno sólo de descanso.
Notifíquese, regístrese y archívese.
Acusada de loca y hereje por el mundo católico que unos cuantos años más tarde la canonizaría, de accionar como hombre, de estar inhabilitada para guiar un ejército hacia la libertad por el sólo hecho de tener útero, de bruja por sobrevivir a múltiples ataques en vez de ser alcanzada por las garras de la muerte tal y como a sus valientes y machos soldados les ocurría y de mantener firme su verdad ante las autoridades que la contrariaban, que pase al estrado la señorita Juana de Arco.
Acusado de extremista, de querer arrebatar a gringolandia su patio trasero y a Europa su jungla privada, de malgastar su vida en la lucha por la independencia de los países latinoamericanos y de imperialista por querer unificar América en un solo sentir organizado, autónomo y carente de explotación rubia y de ojos azules, que pase al estrado el señor Simón Bolívar.
Acusada de revolucionaria y por ende extremista y por ende idealista y por ende estúpida, de evitar la entrada de la asquerosa cultura estadounidense a su tierra, de sarcástica e irreverente, de fea por no sacarse las cejas, de permitir la entrada a su casa a personalidades como León Trotsky y morir de cáncer comunista, que pase al estrado la señorita Frida Kalho.
Acusado de populista, de alentar a las masas obreras a exigir la posición social merecida por su trabajo y esfuerzo, poniendo así en peligro la seguridad y el confort de los patrones, de no cantar sino protestar, de no anunciar sino denunciar y de no aceptar sino criticar, de guiar a la gente humilde en la participación por un cambio que los incluía, de aportar al folklore nacional identidad propia y deselitizar el arte, que pase al estrado el señor Víctor Jara.
Acusado de patriota cuando aún no había patria, de ser un señorito que jugaba a la revolución, de amante de la juerga y de las mujeres, de mezclarse con el populacho pasando por alto sus estudios de leyes, de rebelde, de mofarse de las autoridades de turno y de hacer peligrar el control español en Chile, que pase al estrado el señor Manuel Rodríguez.
Vistos los antecedentes, se condena a los acusados a la pena de tener que ser recordados por todos sus detractores hasta el fin de sus días y sin uno sólo de descanso.
Notifíquese, regístrese y archívese.
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