sábado, 5 de septiembre de 2009

Delincuente

Johan Hernández Hernández. Seis años. Tercero de cinco hermanos. Vive de allegado en la casa de la actual pareja de su madre ubicada en la población Santo Tomás, comuna de La Pintana. Cursa primer año básico y hace tres meses le detectaron déficit atencional. Su padrastro es alcohólico, drogadicto y está cesante ya que hace pocos meses atrás terminó de cumplir la condena correspondiente al delito de robo con intimidación. Su madre obliga a prostituirse a Jessica, la hermana mayor, pues de otra forma no comen. Además, a Yessenia, la segunda hija, hay que alimentarla por dos.
Nadie se preocupa por sus tareas así es que no las hace. Nadie asiste a las reuniones de apoderados así es que se margina de los asuntos del curso. Nadie acude a las citaciones del inspector del colegio así es que sigue peleándose con sus compañeros en los recreos y faltando el respeto a los profesores. Nadie está con él y él está con nadie.

Maximiliano Goyenechea Jurisic. Seis años. Hijo único. Vive con sus padres en su casa situada en Santa María de Manquehue, Vitacura. Cursa primer año básico y tiene el primer lugar del curso. Su padre es un exitoso empresario de la industria vitivinícola y su madre lucha arduamente por hacerse de un nombre importante en la carrera diplomática.
Pasa la mayor parte del tiempo solo dado que sus padres tienen muchas preocupaciones además de él. Tiene más nanas que amigos con quienes compartir sus juguetes. Nunca ha sentido carencia material alguna, mas no recuerda haberse quedado dormido en los brazos de su madre durante alguna noche de fantasmas. Hoy se cumplen dos semanas desde que su padre le prometió enseñarle a jugar futbol...y sigue esperando.


Como una esponja que absorve lágrimas, rabias y frustraciones,
A medida que iba creciendo el parecido con su padre
comenzó a vivir en su medio y, sobre todo, aprendió las
era cada vez mayor y eso lo contentaba ya que siempre
distintas formas para poder sobrevivir en él: los narcos
quiso ser como él. Se esforzaba por tener siempre las notas
eran los más peligrosos y no había que ser violador.
más altas, por destacar en el equipo de rugby,
Fácil era robar las billeteras
por llevar la delantera de los aparatos teconológicos,
de los bolsillos de los pantalones de los señores
por ser el mejor en todo. No había
y sólo bastaba un piedrazo en la ventana del auto
seguridad en él sin la aprobación de aquél
para tener una cartera. Necesitaba ganarse el respeto
que viajaba de reunión en reunión, de conferencia en conferencia,
de los demás. Pasaron los años, siguió aprendiendo a
de entrevista en entrevista y de vacío en vacío. En relación a
vivir en la calle, prescindiendo de la ecuación de la recta,
su madre sólo sabía que coexistieron durante nueve meses...
de los postulados socráticos, de las funciones del lenguaje
pero después de eso los Consulados y las Embajadas le arrebataron
y de las leyes de Newton. Miles fueron las veces
toda la atención que alguna vez soñó tener. Fue entonces
en que por defender a su madre de golpizas
que comenzó a dudar, ¿De qué servía tanto éxito hacia afuera
tuvo que dormir en alguna plaza. Y creció, se endureció,
si sólo había dolor adentro? ¿Para qué esforzarse en ser el mejor si
cayó en el vicio de la cocaína para evadir momentáneamente
nunca sintió el reconocimiento de nadie? ¿Bajo qué argumentos
sus problemas. Sus alegrías se fundaban en lo ostentoso del
debía estudiar para después pasar su vida trabajando si de todas
botín conseguido en el Paseo Huérfanos o en la Plaza
maneras tendría todo cuanto pidiera, cuanto anhelara y
de Puente Alto. Su tiempo se diluía en drogas, fiestas, peleas de
cuanto quisiera con la fortuna de sus padres?
pandillas...soledades.
Loco por la ira se sientió al descubrir que su padrastro estaba abusando sexualmente de su hermana mayor y golpeó a su madre ya que veía en ella la culpable de todas las miserias que vivía. Sus hermanos pequeños se fueron contra él, quisieron golpearlo, pero sus brazos eran ya los de un hombre y sólo bastó un empujón para que Jeremi, el menor, se azotara la cabeza contra la mesita del centro. Entonces no estaba en su cuerpo. Fue una noche en que la cocaína hablaba por él, cuando la sangre se le hizo alcohol. Llegó a una fiesta, sus amigos lo alentaron para que fuera a venderle droga a los "cuicos" con los que negociaban hace un tiempo pero a un precio superior al de siempre...
Max había llegado hasta ese lugar después de una discución con su padre y del llanto de su madre, quien al ver cómo su hijo se convertía en pistola sentía en su cabeza disparos de soledad, de dinero, se mierda, de fanatismo religioso, de principios inaplicados, de mentiras tras corbatas, de noches de miedo en las que se orinó y nunca nadie se enteró, de $700.000 pesos que pagó para no ir a la cárcel por consumo ilegal de drogas, de todas las veces en que obligó a mujeres de una noche a abortar. El sentido en todo su sentido murió para él.
Pink Floyd cantaba sus verdades mientras ellos bebían y jalaban. Hastiados del mundo, enfermos de decepción, vacíos de afecto, soberbios de poder y saboreando esa sensación de inmunidad ante la ley que les daba el codearse con la corrupción a diario, salieron a buscar más de lo siempre...
- Aló, sí, $400.000? No, es muy poco.
- Pero si eso es lo que cobran...
- Es que ésta es mejor...
- Ok. Allá arreglamos.
Parecía ser todo normal: la misma plaza (el mismo escape), los mismos problemas (la misma mierda). Finalmente, después de una espera acompañada por sirenas de policías circundantes, Max y sus tres acompañantes vieron llegar al grupo de Johan que traía consigo aquella sustancia con la que podían dibujar alegrías de 40 minutos.
Pero las cosas no saldrían como esperaban.
Johan quería vender la misma cantidad de siempre por el doble del precio y Max no estuvo de acuerdo en transar, lo que provocó el enojo de sus vendedores. Los amigos de Max no estuvieron dispuestos a aguantar los insultos de esos "flaites" y los otros respondieron a golpes, primero, y a cuchillazos después. Max trató de llevarse a sus amigos pero ya era tarde: dos de ellos seguían peleando mientras sangraban sus rostros, sus brazos y sus manos. Derrepente observa al tercero, Gonzalo, que corre en dirección al auto y siente estremecer su pecho al recordar el arma que él mismo había dejado en la guantera "por si acaso". Rápido fue a detenerlo pero el miedo reventó sus tímpanos cuando sintió a Johan agarrarlo por detrás, poner una cuchilla en su cuello y gritarle que entregara toda la plata que tenía. Se paralizó, sintió cómo su vida pendía de un hilo transparente, sus rodillas temblaban, no podía moverse, sólo lograba gritar que lo soltara y le entregaría el dinero...pero en ese mismo instante, vio a su amigo salir del auto y dar dos tiros al aire con lo que provocó más rabia en la pandilla y ahora eran tres pistolas contra una. Gonzalo temblaba, no sabía cómo salir de aquel laberinto y sus amigos no lo podían ayudar ya que estaban inconcientes en el suelo bañados en sangre, mientras Max pedía a gritos que lo soltaran...por primera vez en su vida sentía que no eran ellos quienes tenían el control de la situación.
-¡Suelta la cuchilla mierda!
Gritó Gonzalo a Johan, mientras lo apuntaba con la pistola.
-¡Lo suelto pero me dan todo lo que tienen o si no lo mato!
Gonzalo buscó su billetera, se acercó a Johan para pasarle el dinero mientras tres gatillos amenazaban con dispararse al menor descuido.
Imploró a su cuerpo que respondiese articulando cada movimiento de la mejor manera posible, tenía a Johan frente a él, Max estaba del otro lado, no lograba verlo, y tras él los otros tres pandilleros. Casi llegaba al lugar que Johan había indicado para dejar el dinero cuando ve que uno de sus amigos se levanta y comienza a correr. Dos de ellos salen detrás de él y uno dispara. Fuera de control la pistola de Gonzalo responde. Todo se vuelve gritos, fuego y confusión. Johan y Maximiliano quedan frente a frente, se miran sorprendidos, se reconocen, por un segundo se congelan en la misma soledad compartida. El sonido de las sirenas acercándose los hace reaccionar. Gonzalo desesperado ve la espalda de Johan, no duda y dispara. Por el otro lado, otra bala hace lo mismo con Max. Sus ojos se funden. Respiran el mismo último aire. Se abrazan y al suelo caen mientras el rojo tine sus vidas ahora sin vida.
Al otro día, dos familias exigieron "Justicia".

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