viernes, 20 de agosto de 2010

Mujer sin cabeza

-"¡Pobre de la mujer descabezada que corre por los adoquines!"

Gritó Erastófanes, mientras la mujer corría de un lado a otro de la calle, esquivando a los autos, recogiendo las cosas que se le caían, huyendo de todo.

-Ay! -Dijo Erastófanes- ¿Cuándo será el día en que el pensar le sirva de algo a esta muchacha? Si ya comienza a parecer imposible que transite sin correr devolviéndose a casa por algún artículo olvidado. ¿Y yo? ¡Para qué decir! Ya tuve que instalar en mi kiosco un mapa de la ciudad con todos los puntos de referencia importantes, colgar un reloj y hasta ponerle alarma a las 22.00 hrs. Pero bueno, qué se le va a hacer, ella es la mujer sin cabeza que corre por los adoquines así como yo soy el vendedor del kiosco. ¿Cómo? Ah! A docientos las galletas, señora De Lewis.

Comiendo sus galletas, tranquila, camina por la plaza la señora De Lewis, cuando derrepente...
-Y ahí vamos denuevo. ¡Pontela sobre los hombros no en los codos ni los pulgares! ¡Esta muchacha nos va a dejar sin cabeza a nosotros! dice De Lewis a Camilito.

Jugando con su emboque, Camilito ve igual que ayer y que antes de ayer a la mujer sin cabeza corriendo por la calle, saltado las veredas, volando sobre las escaleras para alcanzar el tren. Continúa jugando y vuelve a verla, ésta vez en dirección opuesta. Ella lo ve, lo reconoce y lo saluda. Él responde y le pregunta:

-¿Dónde dejaste tu cabeza, mujer sin cabeza? A lo que ella contesta:

-Justo donde la tuya no lo piensa.

Camilito queda desconcertado, al comprender que ella no tenía remedio alguno, es decir, que nunca volvería a tener su cara tras la nuca y frente al mundo. Surgieron en él cientos de interrogantes, pero a ninguna encontraba respuesta. Un día completo transcurrió, hasta que volvieron a toparse. Ella se veía un poco más tranquila que otras veces; no tenía sus mejillas coloradas, ni la respiración agitada, ni sus ropas desordenadas y,lo que es aún más increíble, no iba corriendo. Entonces Camilito se acercó nuevamente y, tomando la mano de aquel cuerpo sin cabeza, dijo:

-Tienes razón, no puedo pensar en qué lugar tus ojos miran. Pero sí puedo creer que quisieras que ahora me estuvieran viendo a mí. Lo que sucede es que tienes miedo, quizás.

-¿Miedo? -Dijo la mujer sin cabeza- ¿A qué?

-A que cuando tu cabeza comience a pensar, tu corazón deje de latir. Pero eso no es así. Sentir y pensar, a la vez, te hacen estar completa. Claro, hay quienes sólo utilizan la cabeza y sí, muchas veces ellos causan daño, pues de tanto pensar caen en absurdos y se alejan de lo fundamental...pero tú, sin cabeza, no haces más que vivir en medio de un caos que no alcanzas a comprender...Bueno. Siguiendo las palabras de la señora De Lewis, ¿Vas a ponértela otra vez, sobre los hombros?

Y lentamentente su camino emprendió, ya que al fin la mujer sin cabeza recordó dónde su cabeza olvidó; estaba ahí, sí, junto a su corazón, pero tan al fondo que ya casi no veía el sol. Poco a poco su vista de luz empañó y siendo así, nunca más nada perdió.

F I N

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