miércoles, 14 de septiembre de 2011

Autogestión

AUTOGESTIÓN1: Dícese del tipo de organización interna de una empresa en la cual son los propios trabajadores los que toman las decisiones sobre su funcionamiento.
(Definición en sentido amplio, es decir, concepto chanta).

AUTOGESTIÓN2: Es la gestión cooperativa de una asociación, en la que participan todos sus integrantes de forma libre e igualitaria y con independencia de factores externos a la misma. La autogestión tiene dos objetivos principales: promover la participación en una actividad de los implicados de la misma, sin delegar en otras personas y sin relaciones de autoridad entre los participantes; y también alejarse de las ayudas que pudieran dar o recibir sectores enemigos a la asociación autogestionada, siendo así independientes de cualquier factor político o económico externo. Esto último es el motivo principal que empuja a muchas organizaciones anarquistas de todo tipo (sindicatos, escuelas, librerías e incluso grupos de música) a llevar a la práctica la autogestión organizándose de tal modo que sean totalmente independientes de cualquier organización política o económica. (El concepto que interesa, aunque sacado de wiki, pero sirve igualmente).
No hacíamos nada malo. No dañábamos la economía de ningún gran grupo en general así como tampoco la de alguien en particular. Nos levantábamos temprano para ir a comprar nuestras materias primas, ya teníamos caseritos, y cómo no, también teníamos clientes asiduos; tales eran los casos del tío del ají, la loca pitiá, el pololo de la loca pitiá, el flaite que nos pedía que lleváramos marihuana, entre otros varios comilones de hamburguesas de soja que, con 30 minutos de break, esperaban nuestra llegada a su pérfido y fome asiento, para darse el banquete en medio de llamadas telefónicas.
La verdad es que el call center era nuestra gallinita de los huevos de oro. Con la mono estamos en las mismas: sin clases y sin plata. Por lo mismo, decidimos un buen día comenzar a autogestionar una pyme de hamburguesas de soja para al menos, salir del paso. Acudimos a los típicos puntos de venta de la ciudad: Parque Forestal, Parque San Borja, marchas y eventos varios, pero nuestro punto fijo, como ya confidencié, era el call center en el que trabajé el año pasado y hasta febrero del año en curso, del cual salí muy bien -pese a que no me gustaba la pega y que nunca fui la que tuvo los puntos, metas y todas esas mierdas que miden-, amigui de cuanto supervisor había y con los mejores deseos de parte de todos ellos para este año de re-comienzo universitario que sabían, experimentaría quien escribe. Pero el mundo ha sido crudo conmigo desde que abandoné la burbuja jurídica, me ha dejado sin mi amada Sociología durante bastante tiempo, me ha hecho necesitar dinero como una vil villana, me ha puesto en encrucijadas éticas casi todos los días y a cada rato, y ahora, me arrebata un buen recuerdo y me hace ganar más odio. Me deja sin entender cosas simples, cosas que antes quizás no necesitaba entender porque me bastaba con la crítica dura e ideológica, pero que hoy me cuesta llenar a puro pensamiento. No entiendo por qué, si no le hacíamos daño alguno al puto call center, nos hecharon a la calle, con hamburguesas y todo, a modo de inmigrantes ilegales, frente a todo el mundo, y sin ninguna explicación más que la violación de una propiedad privada que tiene aspecto de propiedad pública y en la que, insisto, no hicimos absoluto daño. No rayamos paredes ni tampoco baños. No propagamos ni insinuamos mensaje subversivo alguno frente a tal imperio capitalista. No molestamos a ninguna persona ni le quitamos el puesto de trabajo a nadie. Pero nos hecharon. Nos tiraron a la calle. Como dos perros callejeros sin derecho a nada, ni a explicación, ni mucho menos a rostro, porque claro, estas empresas suelen tener la particularidad de contar con autoridades invisibles que finalmente se traducen en pequeños trabajadores que lisa y llanamente se limitan a responder: " yo sólo recibo órdenes". Entonces ¿qué puede hacer uno, aguja en pajar, uno de tantos, uno invisible SIN poder, frente a aquel invisible CON poder? Nada. Elevar un reclamo cuya burocracia ataca con toda su distensión y el conflicto se agota una vez que la paciencia se extingue. Pero lo peor de todo, es ver cómo la autogestión queda reducida a un "fuera de aquí" mientras la explotación sí tiene una cómoda y cálida recepción, mientras el abuso se sienta con calefacción en el invierno y la estafa con ventilador en el verano. Porque cada hamburguesa que vendí fue sin trampa, sin engaño. Porque mantuve un precio que acomodara al trabajador común cagao de hambre. Porque no tuve que acudir a ninguna frase tipificada (a ninguna estafa legitimada) para recibir los $500 pesos de mi producto. Yo no provoqué endeudamiento alguno de ninguna persona, ni desplomé economía familiar, ni esclavicé por meses ni por años al pago de nada. Y sin embargo, estoy fuera, estoy al margen. Soy una marginada y por qué no, una marginal. ¿Cabe eso en la lógica? ¿Es irrisorio entonces estar asqueada de este sistema de la puta madre condenatorio, esclavizante, explotador, macabro, individualista? Pero claro, allá están todos ellos, felices con sus "incentivos", felices por lograr las "metas". ¿Qué acaso no saben, no perciben, que esas NO SON SUS METAS sino las de un empresario que debiera tener asco por tener tanta plata? ¿No se dan cuenta que vender 60 seguros a personas que no los necesitan y que, más aun, no pueden pagarlos, no es ni puede ser jamás un incentivo? Yo fui una anarquista de ese sistema, mientras trabajé ahí vendí sólo a personas que querían comprar y no engañé a nadie, por lo mismo, ahora no se reconoce en mi un "perfil venta" y no me quieren de vuelta... Muchas gracias por confirmar mis leves sospechas de que no sirvo para estafar a las personas.
Ahora bien, saliendo del escenario mencionado-vapuleado, la autogestión también se hace difícil en general. Recientemente y a modo de ejemplo, se quiso retornar a la antigua tradición de la feria de las pulgas del Parque Forestal, que funcionaba sagradamente los días domingo en la tarde y que era tan visitada por todos quienes buscaban alternativas 3b, osea, "buenas, bonitas y baratas" y que albergaba a quien quisiera y pudiera ir a vender sus cosas. Eso ya no es posible. Los pacos por órdenes de la Ilustre Municipalidad hecharon a todos los vendedores del parque, -cuyo acceso es público al igual que su propiedad-, haciendo uso desmedido de su autoridad y desarticulando con esto no sólo una feria, sino un espacio de esparcimiento, tradición y cultura. Así es como nos vamos perdiendo. Pareciera que la propiedad privada, el lucro, la ganancia despiadada y a toda costa, esa que se obtiene poniéndole la pata encima al otro, es lo único válido en nuestros tiempos y todo lo demás, es práctica de hippies desadaptados que quieren "todo fácil". Tales imposiciones me hacen llorar al entender que suponen siempre una misma cosa: ya salió de las consciencias la negación ante la explotación del hombre por el hombre, ahora es asunto de lo común y, como tal, no queda más que la aceptación.
Me pregunto cómo sería ser ellos.
Pero me conformo con no poder serlo.
Todo esto me trae infinidad de conflictos internos, me trae lucha y por cierto, también mucha decepción, pero creo que falta camino que recorrer para saldar al menos las dudas más profundas.
Como dice Silvio: "Lo más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida".
Al menos después de esto, me siento capaz de afirmar de todo corazón que estoy dispuesta a dar mi vida por saberlo.

No hay comentarios: