lunes, 12 de mayo de 2008

Cuando creo en otras vidas...

Cuando miro la palma de mi mano y veo en ella las líneas que la surcan, no dejo de imaginar un arado en la tierra dejando huellas sobre las que alguien sembrará, algún día, una nueva vida...se configura así la creencia de un pasado y un futuro simultáneos.



Cuando con el dedo índice recorro la línea de la vida trato de entender por qué hay tantos cortes, y me pregunto si serán aquellos los caminos equivocados o si caso serán los desconocidos o los que ya tomé...me pregunto si serán los que quedaron en mi después de mi...

Ayer fui un lápiz y después, pero en secreto, fui una sirena.
Ayer fui un corazón con espinas y suaves pétalos de rosa roja…¡Y el amor fue inmensamente rojo! ¡Y el terciopelo fue tan suave como nunca lo había sido! Y las rosas se escaparon del rosal para sembrar espinas en los corazones...así, la sangre comenzó a correr lentamente por la piel de los enamorados con su punzante belleza escarlata… pero gracias a Eros, no hubo dolor, pues las espinas fueron terciopelo…


El amor…
Tan suave, tan rojo…duele…pero sigue siendo amor…¿O no?
Quizás Eros no siempre está dispuesto a convertir espinas en terciopelo y sólo se limita a devolver la esperanza perdida a través de pequeños y suaves pétalos rojos…Hay tantas espinas que se quedaron clavadas…como las que tuve yo, el día de ayer, cuando fui un corazón con espinas y suaves pétalos de rosa roja.
Ayer fui todo eso y más...ayer...
Cuando creo en otras vidas, creo también en esta y en la que vendrá y en las que vendrán…

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