
En la noche me levanté. Recorrí. Habité. Sentía una extraña necesidad por algo que no alcanzaba a determinar. De pronto, me detuve para observar todo aquel universo que acompañaba mi estar y, lentamente, una fuerza noctámbula me llevó hacia la ventana. Cuando estuve frente a ella, tracé con mi dedo sus fronteras y sus abismos y sus infinitos. La tarea había comenzado: me dispuse a dibujar sobre su bello cristal, con un pincel imaginario (que estaba lleno de polvo tirado ahí, justo en ese rincón) un negocio que vendía tiempo. Pensé en eso porque es un muy buen negocio, osea, se han preguntado alguna vez lo que haría un jinete por tan sólo un segundo que le permitiera ganar su carrera? o lo que daría una madre soltera por conseguir los días que le faltaron para calcular bien su período? o aun más, lo que habría hecho Dios con ocho días en lugar de siete? Realmente mi negocio sería un éxito. Así, comencé a delinear su figura, y lo hice muy grande, ocupando toda la superficie de la ventana e incluso, me salí de los marcos y rallé la pared y un poquito de la cortina. Es que quería que todos lo vieran, que todos pudiesen acercarse a comprar el tiempo que quisieran y hacer con él todo y más. De esta manera, me subí a una silla y arriba pinté un cartel donde se leía con letras muy grandes:
"Se Vende Tiempo"
Todo lo que necesite en minutos, horas y años, lo tenemos para usted.
Le puse verde, violeta, azul marino y blanco. Quedó muy bonito.
Después, fui a la cocina y traje cinco frascos: uno para los segundos, otro para los minutos, otro para las horas, otro para los días y otro para los años. Los meses me quedaron fuera porque no tenía más frascos, y si alguien pedía decenios, siglos o más, quedaría en banca rota, así es que preferí fijar mi oferta en no más que años.
Ya con el negocio armado, me asaltó una duda: ¿quién lo atendería? ¿yo? ¿alguien con mucho o con poco tiempo? ¿alguien que estuviese permanentemente ahi o varias personas que lo hicieran por turnos? ¿y de cuánto serían los turnos? Claramente, no había calculado la importancia que tendría aquel que administrara el tiempo...mi negocio estaba en sus manos, y los tiempos no están como para arriesgarse a sufrir pérdidas de tiempo.
Fue cuando mi cabeza no paraba de hacer surgir más dudas que decidí: no sería yo porque casi no tengo paciencia de modo que la atención que brindara eventualemente a mi público sería funesta. Atendería una sola persona con mucho tiempo y, si se le acababa su tiempo, tendría la posibilidad de pedirme un préstamo. Entonces, con la solución en mis manos, seguí adelante y comencé a redactar el aviso que pondría en el diario para conseguir a mi fiel trabajador:
"Se busca vendedor de tiempo"
Requisitos: 4º medio rendido, manejo de idiomas y disponibilidad horaria completa, absoluta, eterna.
Iba a incluir que fuera guapo, pero después me acusarían de discriminación así es que dejé ese requisito fuera.
Tenía ya todo armado, cuando vi la hora y me alarmé al enterarme de lo temprano/tarde que era pues no había dormido ni mucho menos estudiado, me tenía que ir a bañar, preparar el desayuno, ir a clases y poner mis dos pies en eso que constituye mi cotidianeidad. No sabía que hacer, porque el reloj me empujó con toda su fuerza inmaculada hacia otra dimensión en la que no puedo vender minutos sino debo correr a encontrar un lugar en el cual comprarlos...esa dimensión en la que las micros se me pasan, en la que el pasillo que antecede la sala de clases se hace interminable, en la que corro por las calles mientras soporto el peso del bolso en el hombro izquierdo. Esa misma.
Entonces abrí los ojos. El agua tibia que se deslizaba por mis contornos pudo llevarse la angustia por la clausura anticipada del que por un momento fuera mi fabuloso negocio...y el café y las tostadas me dieron la bienvenida a esa dimensión en la que el tiempo se me vuela sin abiso previo.
Así, igual a lo que corrí ayer, viví. Ya a la hora en que la Plaza Victoria huele rico, llegué al sitio que me alberga, prendí la luz, la tele, me saqué los zapatos...miré hacia la ventana y, grata fue mi sopresa, cuando un gentil caballero sonriéndome sacó un frasco, me miró y me ofreció comprar las dos horas de sueño que me faltaban.
Fue así que dormí feliz.
2 comentarios:
Me encanta como escribes amor, te amo mucho.
suerte en tu prueba Mili.
muchos muchos besitos. te amo 5
Chao!
En un día como hoy hace 21 años atrás, nací de nuevo.Y junto conmigo nació también el amor incondicional,todas las otras ilusiones, el deseo de ser inmortal,
las ansias de bondad,el sueño de realizar los sueños.
Y todo eso y mucho más te lo entregué a tí, mi niña, como muestra de mi amor.
Definitivamente....eres lo mejor que me ha pasado en la vida.
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