martes, 19 de junio de 2012

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No hay nada más terrible que una canción termine de manera abrupta.
Uno viaja, se va mezclando con los sonidos y los recuerdos. Uno se expande a medida que la música avanza, se piensa, se camina a sí mismo.
La memoria dispara recuerdos y se inicia esa carrera en que ciertas imágenes sobreviven al flagelo de lo tangencial, mientras otras expiran para formar parte del limbo cerebral que es (o debiera ser) el lugar en el que conviven los minutos, las risas, los dolores, que al pedazo minúsculo de memoria consciente no le interesaron nunca. Porque la memoria es arbitraria, tal como una canción que alguien, haciendo uso de una miseria bestial, corta antes de tiempo. Antes de su tiempo. Porque todo tiene que tener su tiempo acá. Nada existe sin tiempo. Cuando se acaba el tiempo se hace referencia a una sobra, a un pedazo de dimensión que quedó fuera de donde le correspondía estar por derecho de esencia. Pero cuando quitan el tiempo, cuando alguien o algo resta lo que debía existir en la realidad concreta, entonces hay una injusticia y una falta a la verdad universal de que en éste espacio todo tiene su tiempo.
Por eso es tan trágico que la música se corte antes que la guitarra deje de sonar, hay algo de homicidio en eso. La contravención a la verdad deja siempre una sensación de amargura.
Por eso las canciones son las verdades, porque no se puede vivir fuera de ellas.
Por eso siento que he quedado descalza. Que una música celeste flotaba en el círculo de mi ser desde siempre y que he sido víctima de un robo. Me robaron el suelo y detuvieron mi canción. Y es terrible, porque no sé qué hacer con esta injusticia, con esta verdad que hace faltar todas las otras verdades. 
Es terrible también hablar de mentira. La palabra "mentira" encierra un horror en su fonética. Su pronunciación le otorga una fuerza de la cual carece su opuesto significativo, es decir, la palabra "verdad". Mentira, con el acento átono en la segunda sílaba, pone su eternidad justo en el medio, creando un núcleo, una capa, una coraza en la que no entran las esperanzas. Hay una muralla que cae justo cuando uno termina de decirla. Y aun cuando siento el corazón todavía en el cuerpo, es como que nada más existiera. Etimológicamente, "abrupto" significa "romper". 
Una verdad abrupta es como una mentira que deviene en calma. Tienen el mismo efecto ante la aprehensión. Se equiparan. 


He dejado de escuchar, sólo tengo ante mí el silencio de una canción rota. 


No sufrí antes mayor espanto.

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