Resulta que el connotado Don Esfuerzo invitó a la Srta. Remuneración a dar un paseo por la plaza para tomar un poco de aire. Antes de aceptar, la dama en cuestión dió a conocer sus condiciones y, si el caballero accedía, entonces ella gustosamente tomaría su brazo y en las calles del barrio todos podrían admirarlos juntos. Entre las condiciones impuestas por la Srta. Remuneración, se encuentran las siguientes:
1.- Que su estancia en la plaza habrá de durar el tiempo que ella desee, sin considerar para tales efectos el evento de que Don Esfuerzo se cansare antes.
2.- Que la conversación nunca versará sobre las demandas de Don Esfuerzo, ya que muchos eran los hombres que querían gozar de un momento a su lado como para llenarse la cabeza con complicaciones externas.
3.- Que Don Esfuerzo tenía que adherir a la petición de hechar del barrio a la Srta. Justicia Social por aprovechadora, grosera y terrorista.
4.- Que si pretendía relacionarse más a menudo con ella, entonces debía adscribir a la religión de los profetas Oferta y Demanda.
5.- Que si alguno de los puntos anteriores no eran tomados en cuenta al pie de la letra, entonces ella olvidaría la proporcionalidad directa en su relación.
Finalmente, Don Esfuerzo hizo honor a su nombre y aceptó las condiciones con el motivo de conseguir aunque fuese un poco de todo lo que, presumía, Doña Remuneración podría darle. De esta manera fue que se les vió pasear muy alegremente por la plaza, ella tan coqueta y llamativa como siempre y él, tan firme y sincero como todos le han conocido históricamente. Pero ocurre que con el paso de los minutos y una que otra palabra de más, el abnegado caballero fue dándose cuenta de que ella no tenía los atributos que él pensaba y que, pese a todo lo que tuvo que soportar desde un principio, la Srta. Remuneración no era lo que él esperaba.
Una vez acabada la cita, Don Esfuerzo alzó la vista y comenzó a buscar, sin cansarse aún, una compañera que le fuese equivalente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario