domingo, 28 de noviembre de 2010

Salvador de multitudes

Aunque nunca tuvo lujos ni abundancia, desde pequeño albergó la ferviente convicción de que cuando fuera grande sería alguien importante. Caviló entre obispo, empresario, Presidente, mas nada satisfacía sus expectativas. Debía ser importante. Un día, la tierra se hizo barro y el barro se hizo agua y la gente se bañó en angustia y desesperación…entonces lo supo: sería superhéroe. Así, desde que hacen su entrada las lluvias eternas, toma su capa amarilla, sus botas y guantes negros, se arma de valor y, sobre su nave, cruza a las personas de un lado a otro de la calle.



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