jueves, 27 de enero de 2011

Feé Verte


Eones son los que ha pasado envuelta en oro. No sabe cuántas cosas han sucededido a su alrededor mientras en sueños ha intentado construir aquellas alas de las que hace tanto, habló.
Ha sido calma en movimiento, metamorfosis. Ha sido en su objetivo presa, soledad, physis.
Pequeña crisálida...
En un bosque al fin del mundo decidió la crisálida aguardar los tiempos necesarios para conseguir volar.

(Mientras, el Hada Verde hechiza con su canto a los forasteros que deambulan en el bosque a la espera de la luna llena ya que se saben, hoy es la noche elegida para realizar el ritual. Así, en el mismo bosque que la crisálida eligió para asentar su espera, los brebajes milenarios comienzan a ser preparados por aquellos que aun guardan el secreto. Saben que no pueden abusar del anís pues conocen cada cuota de cada uno de los ingredientes. Han invitado al Hada Verde. Ya todo está listo.)

Las copas llegaban para llenarse de la posión y fueron invitados todos los seres del bosque del final del mundo. El Hada bebió y bebió hasta que su sangre toda fue verde y los forasteros enloquecidos por su sabor dejaron que sus cuerpos danzaran en un sólo compás dirigiendo cada gota de su ser a beber, tomaron cada sorbo hasta que al fin, emprendieron su viaje por destinos inciertos. Unos fueron agua en el desierto, otros se posaron sobre la luna en su alba plenitud, otros se dejaron llevar por el canto de las sirenas y otros por las olas del mar. Alcanzaron los cielos en un vuelo encantado, fueron nube, llegaron al sol y tardaron menos que la luz en dar la vuelta al planeta. En las alturas estaban cuando de pronto, escucharon una voz que a la distancia suplicaba:

¡Hada Verde! Cuando con tu vuelo encantado irrumpas en los azules eternos y seas estrella y seas sal, guarda una imagen para mí, que sigo presa de los enclaves mundanos, trae hasta mis ojos aquello que el océano refleja por las noches...Guarda en ti, bella doncella verde, el rojo de los ocasos, la estela que las locomotoras dejan en los parajes olvidados, el agua que está debajo de la Tierra, los besos de aquellos amantes de pasión infinita, guardalos en ti, que si lo haces, prometo recordarte por siempre.


Los forasteros acabaron con la última vida de la Feé Verte al tomar la última copa al son de los tambores a la luz de la fogata. Volvieron al bosque y agradecidos por el viaje, juraron no contar a nadie lo sucedido.

Acabó la noche, se fugó la luna, cambió el mundo sus colores y la estrella de fuego nos sonrió nuevamente. En ese momento fue cuando el cascarón de oro que contenía a la crisálida y a sus fantasmas se abrió lentamente y dejó ver las alas de que hace tanto, habló.

Se dice que por el bosque del fin del mundo, en noches de luna llena y, a veces, de cuarto menguante, se puede ver un Hada de vestido Verde acompañada de una realidad extraña, y también, de una mariposa que, en sus alas, trae dibujadas los ocasos rojos, las estelas de las locomotoras, el agua bajo la Tierra y los besos de los amantes más enamorados de todo el mundo.

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