Recordaba que cuando iba en el colegio y, a raiz de una mala nota, su papá le había dicho mirándolo fijamente: "Hijo, la única herencia que puedo dejarte son los estudios, aprovechalos". Pero a él no le importó.
Veía cómo ambos, papá y mamá compraban Atlas, diccionarios, enciclopedias, para después seguir con literatura y poesía. Así, su casa se convirtió en un gran libro con puertas y ventanas: dormía entre las páginas de "En nombre de la rosa", en el espejo del baño leía "Don Quijote de la Mancha", el techo tenía los versos de "Altazor" y las alfombras del living y el comedor habían sido reemplazadas por poemas de Gustavo Adolfo Becquer, Emily Dickinson y cuentos de Allan Poe. Pero a él, claro, no le importaba.
Pasó el tiempo, creció y comenzó a tomar sus propias decisiones, a adquirir sus propios gustos... De manera que un buen día, quitó los Cien Años de Soledad que estaban sobre la radio, conectó su mp3, y fue así que sonó el reggaeton a todo chancho en toda la cuadra.

Pasó el tiempo, creció y comenzó a tomar sus propias decisiones, a adquirir sus propios gustos... De manera que un buen día, quitó los Cien Años de Soledad que estaban sobre la radio, conectó su mp3, y fue así que sonó el reggaeton a todo chancho en toda la cuadra.

2 comentarios:
NOOOOOOOO!!! :´(
no puede ser mas cierto ;_;
Publicar un comentario